— Porque vi algo en los ojos de Lily antes —respondió Jack con voz más baja—. Bajo el miedo y el dolor, hay una parte de ella que todavía ama al padre que conoció antes, el que la llevó a comer un helado, que le enseñó a andar en bicicleta. Y los gemelos merecen la oportunidad de algún día conocer toda su historia, para entender que su padre lucha por ser mejor persona.
— Y si fallo —susurró Robert, con una debilidad en la voz que nadie había notado antes—.
— Entonces fracasarás porque no luchaste —respondió Jack con sencillez—. No por rendirte.
La jueza Blackwat se quitó las gafas y las limpió pensativamente.
— Señor Matthus, ¿cuál es su respuesta a esta propuesta?
Robert guardó silencio durante unos minutos. Su rostro reflejaba sentimientos encontrados.
Cuando finalmente habló, su voz temblaba.
— Durante años, usé la adicción como excusa para mis decisiones, para mis fracasos. Era más fácil seguir jugando, mentir, que enfrentar lo que me había convertido.
Cerró los ojos como si el recuerdo le doliera.
—Aquella noche, cuando vi el miedo en los ojos de Lily, cuando comprendí que preferiría quedarse congelada junto a los bebés antes que volver a casa, algo se rompió dentro de mí.—
Jack observaba a su tío luchando con sus palabras. Era como verse a uno mismo en un espejo distorsionado del tiempo, viendo cómo pequeñas decisiones podían llevar a dos personas de la misma sangre por caminos radicalmente diferentes.
—Lo acepto —dijo Robert finalmente—, no por el dinero, ni para limpiar mi nombre, sino porque estos niños merecen saber que su padre intentó corregir sus errores.
El proceso de mediación que siguió fue intenso y meticuloso. Los abogados de ambas partes pasaron semanas estructurando un acuerdo que protegiera los intereses de todos, especialmente de los niños. La jueza Laquot supervisó personalmente cada detalle, asegurándose de que todas las precauciones necesarias estuvieran en su lugar.
En casa, Jack enfrentó quizás el desafío más difícil: explicarle la situación a Lily.
Una noche tranquila, después de acostar a los gemelos, la encontró en su habitación especial, un espacio decorado por Sara con estrellas brillantes en el techo y estantes llenos de libros coloridos.
—Mi pequeña —comenzó con calma, sentándose al borde de su cama—. ¿Recuerdas cuando hablamos sobre las segundas oportunidades?
Lily asintió mientras abrazaba su oso de peluche favorito, que Jack había comprado la primera semana que estuvieron en la casa.
—Sobre papá. Sí, está enfermo, Lily. Como las personas que se enferman y necesitan medicina. Tu papá necesita un trato especial para dejar de hacer cosas malas. Para aprender a controlar sus impulsos peligrosos.
—¿Se va a sanar? —preguntó con voz baja pero firme.
—Él va a esforzarse mucho —respondió Jack con sinceridad, pues se había prometido no mentir—. Y si funciona, tal vez algún día puedas verlo de nuevo. Pero solo si tú quieres. Y si es completamente seguro.
Lily guardó silencio por largo rato, jugando con la oreja cansada del oso.
—¿Todavía es nuestro papá, verdad?
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