Un hombre de 70 años se casa con una joven de 20 años como su segunda esposa para tener un hijo, pero en su noche de bodas, ocurre un incidente impactante…

“Solo espero que me trate bien… Cumpliré con mi deber”. La boda fue sencilla pero impactante, porque Don Tomás quería que todo el pueblo supiera que aún era fuerte y estaba listo para tener un hijo.

Los vecinos murmuraban y criticaban la gran diferencia de edad, pero a él no le importó.

Sonrió satisfecho, preparándose con entusiasmo para la noche de bodas, confiado en que Marisol pronto estaría embarazada.

Aunque resignada, ella intentó aparentar felicidad para cumplir con su rol.

Llegó la noche de bodas.

Don Tomás, elegantemente vestido, bebió un licor medicinal que, según él, lo haría sentir joven de nuevo.

Tomó la mano de Marisol y la condujo al dormitorio, con los ojos llenos de anticipación. Ella, nerviosa, forzó una sonrisa, temerosa de decepcionarlo.

El ambiente se tornó íntimo.

Don Tomás le susurraba palabras cariñosas cuando, de repente, su rostro se contrajo y su respiración se entrecortó.

Soltó la mano de Marisol, puso la otra sobre su pecho y se dejó caer pesadamente sobre la cama.

¡Don Tomás! ¿Qué le pasa? —gritó Marisol, con los ojos abiertos de terror.

Intentó abrazarlo, pero su cuerpo ya estaba rígido, empapado en sudor.

Un gemido ronco escapó de su garganta, estremeciendo a la joven.