Su madre cruel invitó a su ex a su boda… pero ella llegó con gemelos y los destrozó a los dos.

Elodie habló con una voz clara, melodiosa, lo suficientemente fuerte para llenar la sala.

—Tú me invitaste, Victoria. Me pareció de mala educación no presentarte a tus nietos.

Nietos.

La palabra cayó pesada, sofocante.

Sophia, la novia, apareció desde un costado, lista para su entrada. Se detuvo al ver a Lucas congelado, a la mujer de azul… y a los gemelos.

—Lucas… ¿quiénes son? —su voz tembló.

Lucas no respondió. Bajó del altar como quien baja de un sueño y camina hacia una pesadilla. Pasó junto a su madre, que apretaba sus perlas como si fueran un salvavidas, y se acercó a los niños.

Se arrodilló frente a ellos.

Leo ladeó la cabeza.

—Mami… ¿ese es el hombre malo?

La inocencia de la pregunta cortó más que cualquier insulto.

Elodie miró al hombre que había amado. Al hombre que la dejó sola frente al abismo porque su madre se lo ordenó.

—No, Leo —dijo suave, pero lo bastante alto para que las primeras filas lo oyeran—. No es malo. Solo es un hombre que no peleó por nosotros.

Victoria reaccionó como una víbora herida. Avanzó con tacones que sonaban agresivos en la piedra.