
“En nuestra luna de miel, me desperté a mitad de la noche y encontré a mi esposo de espaldas, abrazando una pequeña caja de madera como si fuera un tesoro. Dijo que contenía las cenizas de su exnovia fallecida. Cuando fue a ducharse, la abrí… y lo que encontré dentro me hizo hacer las maletas y pedirle el divorcio antes del amanecer….
La abrí.
No había cenizas.
No había restos humanos.
Sólo había un colgante de oro con el nombre “Lucía”, varias cartas dobladas con cuidado… y una foto reciente. Una foto que no tenía ningún sentido. Porque la mujer en esa imagen —sonriente, viva, posando frente a un espejo— era la misma Lucía que supuestamente había muerto.
Y allí, en una nota escrita con su caligrafía perfecta, había una frase que me dejó sin respiración:
“Nos vemos cuando ella se duerma.”
Sentí cómo mis manos temblaban. La ola de traición me golpeó tan fuerte que supe, sin pensarlo, que mi matrimonio había terminado. A las seis de la mañana, con la maleta hecha, le dije que quería divorciarme.
Pero lo peor, lo realmente devastador, lo descubrí después…
Dejé el hotel sin mirar atrás, pero la imagen de la foto no abandonó mi mente ni un segundo. Pasé toda la mañana sentada en un café cercano, intentando controlar el temblor de mis manos. ¿Cómo podía estar viva alguien que él aseguraba que había muerto? ¿Por qué tenía fotos recientes? ¿Por qué se citaban, aparentemente, a escondidas? ¿Y qué significaba aquella frase inquietante?
Decidí hacer algo que inicialmente me pareció absurdo: buscar el nombre de Lucía en redes sociales. Durante años nunca me interesé, porque confiaba en él. Pero en menos de diez minutos encontré un perfil que coincidía con la imagen de la foto. Publicaciones recientes. Historias activas. Ubicaciones. Vida.