
Cuando mi esposo no estaba en casa, mi suegro me pidió que tomara un martillo y rompiera el azulejo detrás del inodoro. Oculto allí había un agujero… y dentro de él encontré algo verdaderamente aterrador
—No desde hace tres meses —interrumpió él—. Se mudó a esta casa sin que ni tú ni tu marido lo supieran.
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.
—Eso es imposible. Aquí no hay lugar para—
Me detuve.
Recordé algo.
Las noches en las que escuchaba ruidos detrás de las paredes. Los objetos que desaparecían y luego reaparecían en lugares ilógicos. La puerta del patio que encontré abierta una madrugada, aunque estaba segura de haberla cerrado.
Siempre pensé que eran despistes míos… o de mi marido.
—¿Dónde está él? —pregunté con la voz casi inaudible.
—No lo sé. Y eso me preocupa más que cualquier cosa —confesó mi suegro—. Andrés tiene problemas. Graves. Tuve que denunciarlo hace años, y desde entonces nuestra relación se rompió. Pero nunca imaginé que llegara a esto.