
Cuando mi esposo no estaba en casa, mi suegro me pidió que tomara un martillo y rompiera el azulejo detrás del inodoro. Oculto allí había un agujero… y dentro de él encontré algo verdaderamente aterrador
Mi suegro se agachó para recoger otra foto. Su mano temblaba.
—Esto no puede quedarse aquí. Tenemos que avisar a la policía. Pero antes… necesito que veas algo más.
Todo mi cuerpo me decía que no quería ver más. Que nada bueno podía venir después de un descubrimiento así. Pero parte de mí quería terminar con aquello; quería la verdad completa, por muy dolorosa que fuera.
—¿Qué cosa? —pregunté.
Mi suegro extendió la mano hacia el agujero. Metió los dedos en un borde superior y presionó. Escuché un clic suave. La pared se movió, revelando un compartimento más profundo, un espacio oculto detrás del primer hueco.
—No puede ser… —susurré.
Dentro había una libreta gruesa, gastada y húmeda por el paso del tiempo. Me la entregó.
Al abrirla, lo primero que noté fueron las fechas: entradas escritas durante meses.
Cada página describía a una mujer diferente. Había horarios, direcciones, hábitos. Incluso descripciones de ropa que ellas usaban con frecuencia. Eran notas obsesivas.
Y de nuevo… llegué a mi nombre.