
Cuando mi esposo no estaba en casa, mi suegro me pidió que tomara un martillo y rompiera el azulejo detrás del inodoro. Oculto allí había un agujero… y dentro de él encontré algo verdaderamente aterrador
Fruncí el ceño.
—¿Por qué yo? ¿Qué pasa?
—Solo hazlo. Tienes que verlo tú misma antes de que él vuelva.
“Él”, claro, era mi marido. No tenía sentido. Pero había algo en la mirada de mi suegro, un brillo de urgencia… y miedo. Nunca le había visto miedo.
Fui al cuarto de herramientas, agarré un martillo y regresé al baño.
—Golpea justo aquí —insistió.
Respiré hondo y golpeé. El azulejo se resquebrajó con facilidad. Golpeé de nuevo. Un pedazo cayó al suelo, y detrás de él se reveló un agujero oscuro, de unos treinta centímetros.
Me agaché con el corazón acelerado. Al principio no distinguía nada, solo un hueco húmedo y mal iluminado. Pero cuando acerqué el teléfono con la linterna encendida, pude verlo.
Dentro del agujero había una bolsa de plástico negra, cuidadosamente doblada. La saqué con las manos temblorosas. El nudo de la bolsa estaba tan apretado que tuve que usar las tijeras del botiquín.
Cuando por fin la abrí, lo primero que vi fue un fajo de papeles amarillentos… y debajo de ellos, fotografías. Muchas fotografías.