Sarah Mitchell, una mujer de 34 años de Oregón, notó por primera vez un pequeño lunar en su hombro que parecía completamente normal. Era redondo, plano y de color marrón claro, muy parecido a los demás que había tenido desde la adolescencia. Sin antecedentes de problemas ni preocupaciones de la piel, le prestó poca atención en ese momento.
Sin embargo, lo que parecía una marca inofensiva se convirtió gradualmente en algo más siniestro. Sarah comenzó a observar cambios sutiles en el lunar: sus bordes se volvieron irregulares y el color se oscureció ligeramente.
Aun así, no se alarmó. Ocupada con el trabajo y la familia, se dijo a sí misma que podía esperar hasta su próxima revisión de rutina.
Con el tiempo, el lunar comenzó a picar y a sangrar ocasionalmente. Fue entonces cuando la preocupación de Sarah se acentuó. Una visita al dermatólogo confirmó su temor: el lunar no era benigno. Una biopsia reveló que se trataba de un melanoma en etapa temprana, un tipo de cáncer de piel que puede ser mortal si no se trata.
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