Un hombre que cava en su patio trasero hace un descubrimiento
Cuando John Sims compró la modesta casa de un amigo en Tucson, Arizona, no esperaba que la propiedad fuera un misterio. Pero poco después de instalarse, escuchó un curioso rumor: algo inusual estaba enterrado en algún lugar del patio trasero. Al principio, lo descartó como folclore del barrio. Pero la idea lo atormentaba. ¿Y si había algo más?
Impulsado por la curiosidad, John comenzó a investigar. Empezó a indagar, no solo en el sentido literal, sino también en registros históricos, permisos de construcción locales y archivos. Su búsqueda finalmente descubrió una pista sorprendente: un permiso de 1961 vinculado a una empresa llamada Whitaker Pools, conocida en aquel entonces por construir no solo piscinas, sino también refugios antinucleares durante la Guerra Fría.
A principios de la década de 1960, la amenaza de una guerra nuclear fue una profunda ansiedad. Con Estados Unidos y la Unión Soviética enfrascados en una tensa carrera armamentística, la defensa civil se convirtió en una prioridad nacional. En todo el país, familias construían refugios subterráneos en sus patios traseros, abastecidos con comida enlatada, agua y suministros de emergencia, con la esperanza de proteger a sus seres queridos en caso de un ataque nuclear.