Llamó a su hermano, Thomas Miller, abogado defensor penal, y en menos de una hora, la policía rodeó el hospital. Marcus y Ethaï fueron arrestados por fraude, obstrucción a la justicia y encubrimiento de homicidio.
Semanas después, Lila y los demás declararon en detalle, revelando cómo la culpa y el miedo los llevaron a participar en el plan. Adriïï testificó y su carrera cambió para siempre.
Pasaron los meses. El hospital se recuperó y el escándalo desapareció de los titulares. Ayer, Adria recibió una carta de Lila. Al lado había una foto de tres personas y una nota:
“Les pusimos el nombre del hombre que cambió nuestras vidas, para bien o para mal. Gracias por darles la oportunidad de crecer libres”.
Adria guardó la carta en su cajón y susurró para sí mismo: “A veces salvar vidas significa exponer la verdad, por muy dolorosa que sea”. Esa noche, miró por la ventana del hospital, las luces de la ciudad parpadeando como estrellas, y respiró hondo. El recuerdo de la habitación 208 lo perseguiría para siempre: un recordatorio de que el mal puede tener la cara de la verdad, y de que hacer lo correcto rara vez es fácil, pero siempre necesario.
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