Su madre cruel invitó a su ex a su boda… pero ella llegó con gemelos y los destrozó a los dos.

—Te protegí. Era una nadie, Lucas. Te iba a arrastrar a la mediocridad. Hice lo necesario por el legado.

Lucas soltó una risa que no tenía alegría.

—¿Legado? Acabas de asegurar que tus nietos crecerán odiándote.

Se arrancó la flor del ojal y la tiró al suelo.

—La boda se acabó. La fusión está muerta. Y si te acercas a esos niños… te destruyo.

Por primera vez, Victoria Kensington se quedó sola frente a su propia pérdida.

Al día siguiente, el video de Elodie entrando con los gemelos era imparable. Millones de vistas. El mundo opinando. El imperio tambaleándose.

Elodie no buscaba fama. Buscaba cierre.

Pero la bestia que había despertado no pensaba detenerse.

Tres días después, en su oficina —ventanales, ciudad al fondo, archivos sobre el escritorio—, el intercom sonó.

—Señora Hart… hay una visitante. Dice que es urgente.

—No doy entrevistas.

La voz de su asistente bajó.

—No es la prensa. Es Sophia Vanderma.

Elodie se tensó. Esperaba gritos, acusaciones, una escena.

Sophia entró distinta. Gafas grandes. Gabardina. Ojos rojos.