—También intentó robármelos a mí —dijo Elodie, con fuego en los ojos—. ¿Sabes lo que es criar gemelos sola? ¿Estudiar derecho de noche? ¿Comprar fórmula con monedas mientras ves a tu ex en noticias y galas?
Él la miró, de verdad, por primera vez.
—¿Eres… abogada?
—Tengo Hart & Associates —respondió ella—. Fraude corporativo y derecho familiar. Hice mi vida con las cenizas que tu madre dejó.
Lucas quiso acercarse, pero no se atrevió a tocarla.
—¿Y ahora qué? Son mis hijos.
Elodie abrió la puerta del conductor. La luz pegó en el diamante de su arete como un semáforo en rojo.
—Hiciste tu elección hace cuatro años cuando dejaste que tu madre decidiera tu vida. Ten tu “vida fácil”. Cásate. Fusiona empresas. Sé el heredero perfecto.
Lucas tragó.
—No puedo. No después de verlos.
Elodie lo detuvo con una mirada.
—No digas que todavía me amas. No amas esto. Amas la idea de desafiar a tu madre… pero fuiste demasiado débil para hacerlo cuando importaba.
Se sentó. Encendió el motor.
