2. Mantente hidratado por dentro y por fuera
Beber suficiente agua mejora la elasticidad de la piel y elimina toxinas. Combina la hidratación con productos tópicos que retienen la humedad y rellenan la piel. Los productos con ceramidas y glicerina también pueden fortalecer la barrera cutánea.
3. Ejercicios y masajes faciales
El llamado “yoga facial” se ha vuelto viral y, aunque el respaldo científico es limitado, muchas personas recomiendan los estiramientos diarios del cuello y los ejercicios para esculpir la mandíbula. De igual manera, usar un rodillo de jade o una piedra gua sha puede mejorar el flujo sanguíneo y reducir la hinchazón, ofreciendo efectos tonificantes temporales con un uso constante.
4. Tratamientos profesionales
Si las cremas y los ejercicios no son suficientes, existe una amplia gama de opciones en la consulta:
Ultherapy y Thermage utilizan ultrasonido o radiofrecuencia para estimular el colágeno y tensar la piel de forma no invasiva.
Los tratamientos con láser ayudan a mejorar la textura y promover la producción de colágeno nuevo.
Las inyecciones de bótox pueden relajar los músculos platisma para reducir las bandas del cuello.
Los liftings de cuello o de la parte inferior del rostro ofrecen resultados espectaculares y duraderos para quienes se inclinan por la cirugía.
Consulte con un dermatólogo o especialista en estética para determinar qué opción se adapta mejor a sus objetivos y presupuesto.
El papel de la dieta y los hábitos diarios
1. Aliméntate bien con tu piel
Una dieta rica en ácidos grasos omega-3, antioxidantes y proteínas magras ayuda a nutrir la piel desde dentro. Alimentos como las bayas, las verduras de hoja verde, los frutos secos, los aguacates y el pescado favorecen la síntesis de colágeno y combaten la inflamación.
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