Aunque no todos los factores se pueden controlar, algunas medidas ayudan a reducir el riesgo de hematomas:
Consumir suficientes vitaminas C y K a través de frutas, verduras de hoja verde y alimentos frescos.
Evitar anticoagulantes innecesarios o automedicarse sin control médico.
Proteger la piel y los vasos sanguíneos usando ropa adecuada al realizar deportes o actividades físicas.
Realizar chequeos regulares para detectar a tiempo alteraciones sanguíneas o hepáticas.
Conclusión
Los moretones inexplicables no deben pasarse por alto, especialmente si aparecen con frecuencia o en lugares poco comunes como el torso o el abdomen. Aunque a veces pueden relacionarse con el envejecimiento normal o con golpes leves que no recordamos, en otros casos son señales de advertencia de trastornos graves como enfermedades de la sangre, deficiencias nutricionales o problemas hepáticos.
El cuerpo rara vez se equivoca al enviar señales. Registrar los moretones, prestar atención a otros síntomas asociados y acudir a una evaluación médica temprana puede marcar la diferencia entre un diagnóstico oportuno y complicaciones mayores. En definitiva, los moretones no siempre son inofensivos: a veces son la manera que tiene el cuerpo de decirnos que algo anda mal y que debemos actuar cuanto antes.
