Aunque estas sensaciones pueden tener causas simples, como una mala postura o calzado ajustado, también pueden estar relacionadas con problemas de salud importantes:
Diabetes mellitus: es la causa más frecuente de neuropatía periférica, y millones de personas en el mundo la padecen.
Neuropatía periférica no diabética: puede estar relacionada con infecciones, toxinas, medicamentos o enfermedades autoinmunes.
Deficiencias vitamínicas: en especial de vitaminas B1, B6, B12 y ácido fólico.
Trastornos circulatorios: como insuficiencia venosa crónica o enfermedad arterial periférica.
Problemas renales o hepáticos: cuando el cuerpo no elimina toxinas de manera adecuada, estas pueden acumularse y dañar los nervios.
Qué hacer ante estas sensaciones
Lo primero es no ignorar los síntomas. Aunque un episodio aislado no debe ser motivo de alarma, si el ardor, el hormigueo o el entumecimiento se vuelven frecuentes, lo recomendable es acudir a un profesional de la salud.
Algunas medidas preventivas y de cuidado incluyen:
Adoptar un estilo de vida saludable: mantener una dieta equilibrada, rica en vitaminas y minerales, es esencial para la salud nerviosa y circulatoria.
Ejercicio regular: caminar, nadar o realizar estiramientos mejora la circulación sanguínea y fortalece los nervios periféricos.
Cuidado del calzado: utilizar zapatos cómodos, transpirables y de la talla correcta ayuda a prevenir la presión excesiva en los pies.
Control de enfermedades crónicas: en personas con diabetes, un estricto control de los niveles de glucosa en sangre puede reducir el riesgo de neuropatía.
Vitaminas y suplementos: bajo supervisión médica, pueden ayudar en casos de deficiencia comprobada.
Cuándo consultar a un médico
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