Qué es la depresión? Síntomas y cómo prevenirla

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que afecta cómo una persona se siente, piensa y actúa. No es lo mismo que estar triste ocasionalmente: es una condición médica seria y persistente que puede interferir con la vida diaria.

¿Qué es la depresión?

La depresión es una condición en la que los niveles de neurotransmisores como la serotonina, dopamina y noradrenalina pueden estar desequilibrados. Esto afecta el estado de ánimo, el sueño, el apetito, la energía y la motivación.

Síntomas comunes de la depresión

Pueden variar según la persona, pero los más frecuentes son:

  • Tristeza persistente o sensación de vacío
  • Pérdida de interés o placer en actividades antes disfrutadas
  • Fatiga o falta de energía
  • Problemas para dormir (insomnio o dormir en exceso)
  • Cambios en el apetito o peso
  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones
  • Sentimientos de culpa, inutilidad o desesperanza
  • Pensamientos de terminar con la vida
  • Aislamiento social

    ¿Cómo prevenirla o reducir el riesgo?

    Aunque no siempre se puede prevenir por completo (especialmente si hay causas biológicas o hereditarias), sí se pueden adoptar hábitos protectores:

    Cuerpo:

    • Ejercicio físico regular (libera endorfinas)
    • Dormir bien (7-9 horas por noche)
    • Alimentación equilibrada rica en omega 3, frutas y verduras
    • Evitar alcohol y drogas

    Mente:

    • Meditación o respiración consciente
    • Establecer rutinas diarias
    • Practicar la gratitud o journaling
    • Mantener objetivos personales pequeños y alcanzables

    Relaciones:

    • Buscar apoyo en amigos o familiares
    • Participar en actividades sociales o comunitarias
    • Hablar abiertamente de emociones con personas de confianza

    Profesional:

    • Hacer terapia psicológica (como la terapia cognitivo-conductual)
    • Consultar a un psiquiatra si hay antecedentes o síntomas persistentes

    Causas posibles (combinadas):

    • Factores genéticos o hereditarios
    • Cambios hormonales o químicos en el cerebro
    • Estrés crónico, traumas o pérdidas
    • Enfermedades físicas (como hipotiroidismo)
    • Uso de ciertos medicamentos