Parte 1: La noche que abrí la puerta

Me explicó que había pasado años buscándome. Nunca olvidó aquella noche tormentosa, aquel sofá, ni el breve momento en que alguien le mostró bondad en su peor momento.

“Estoy aquí para cumplir una promesa”, dijo, entregándome una gruesa carpeta roja.

Nos sentamos a la mesa de la cocina mientras compartía su trayectoria: trabajo duro, contratiempos, educación y perseverancia. Ese único acto de bondad le había recordado que su vida aún importaba.

Entonces me acercó la carpeta.

“Ábrela”, dijo.

Al levantar la tapa y leer la primera página, mi corazón empezó a latir con fuerza, porque lo que contenía era mucho más grande de lo que jamás podría haber imaginado.