Nunca imaginé llegar a decir esto: hoy cumplo 100 años. Cien años de amaneceres, de luchas silenciosas, de pérdidas, de aprendizajes… y de amor en sus formas más simples. Hubo cumpleaños con mesa llena, abrazos y risas. Y también hubo otros en los que todo fue quieto—porque la vida corre, porque cada quien está ocupado, porque la distancia se vuelve rutina. Y, sin darte cuenta, empiezas a sentirte… invisible. Hoy estoy aquí con una sonrisa tranquila, pero por dentro duele un poquito. No por regalos. No por una fiesta. Solo porque a veces lo único que uno necesita es escuchar: “Feliz cumpleaños. Me alegra que sigas aquí.” Si estás leyendo esto… ¿podrías dejarme un mensajito de cumpleaños? A veces unas palabras bonitas llegan justo cuando más se necesitan.

Nunca imaginé llegar a decir esto: hoy cumplo 100 años.
Cien años de amaneceres, de luchas silenciosas, de pérdidas, de aprendizajes… y de amor en sus formas más simples.

Hubo cumpleaños con mesa llena, abrazos y risas. Y también hubo otros en los que todo fue quieto—porque la vida corre, porque cada quien está ocupado, porque la distancia se vuelve rutina.
Y, sin darte cuenta, empiezas a sentirte… invisible.

Hoy estoy aquí con una sonrisa tranquila, pero por dentro duele un poquito. No por regalos. No por una fiesta.
Solo porque a veces lo único que uno necesita es escuchar: “Feliz cumpleaños. Me alegra que sigas aquí.”

Si estás leyendo esto… ¿podrías dejarme un mensajito de cumpleaños?
A veces unas palabras bonitas llegan justo cuando más se necesitan. 🤍

vedere il seguito alla pagina successiva