Si mucho saben mis amores que todos todos los niños del mundo
son lindos
porque Diosito los hizo lindos a todos los niños a y nadie les puede hacer dañó porque Diosito se enoja los quiero mucho
No son Hermosos! SON PRECIOSOS
Y ÉSO ES !MÁS QUE HERMOSOS Y BELLOS
CARIÑOS Y BESITOS
BENDICIONES
![]()
No estaban posando. No estaban actuando. Estaban ahí—dos miradas serias sosteniendo una pregunta que pesa más que una mochila.
“¿Es verdad que también somos lindas?”
A veces el mundo convierte la belleza en un privilegio: algo reservado para quien tiene tiempo, dinero, ropa nueva y una historia “bonita” para contar. Pero hay preguntas que atraviesan cualquier fachada. Y cuando una niña pregunta esto, no está pidiendo elogios: está pidiendo permiso para existir sin ser juzgada.
Ese cartel de madera no grita. No acusa. Solo expone una herida silenciosa: la idea de que algunas personas merecen ser vistas y otras solo deben pasar desapercibidas.
En lugares donde la vida es dura, los niños aprenden a ser fuertes demasiado temprano. Aprenden a seguir caminando aunque el día esté frío, aunque falte algo, aunque nadie aplauda. Y aun así… siguen de pie. Miran de frente. Como si dijeran: “Aquí estoy. No me borres.”
Porque el problema nunca fue si son lindas.
El problema es cuántas veces la vida les hizo creer que no lo eran.
Y cuando un niño duda de su propia belleza… no es una duda nacida de él. Es algo que el mundo le enseñó.
