Preparación de los mejillones rellenos o tigres de pescado y marisco:
Lavamos muy bien los mejillones, intentando quitar todos los restos de algas. De todas formas cuando ya estén cocidos, los limpiaremos mejor para poder rellenar.
Comenzamos abriendo los mejillones. Para ello ponemos el vino en una cazuela, lavamos la hoja de laurel y la añadimos. Agregamos los mejillones y tapamos la olla para que se abran. Reservamos cuando estén todos abiertos, desechando los que no se han abierto.
En una sartén, ponemos los 30 gr de aceite, añadimos los ajos muy picados. Que se caliente a la vez para que tome todo el sabor.
Picamos la cebolla muy pequeña y la añadimos a los ajos cuando estén dorados, movemos y dejamos pochar a fuego medio.
Ahora picamos el pimiento verde y lo agregamos al sofrito anterior y dejamos cocinar hasta que esté tierno.
Preparamos el pescado picándolo, yo lo he hecho en picadora, añadimos al sofrito.
Cortamos en trozos pequeños las gambas y los mejillones, cuando el sofrito anterior esté casi hecho, lo añadimos junto al tomate frito y dejamos cocinar unos minutos.
Es el momento de añadir la harina para que no sepa a crudo, cocinamos el conjunto unos minutos.
Añadimos la leche poco a poco, vamos moviendo para que se integre todo bien. Cuando terminemos de añadir la leche, dejamos cocinar hasta que la masa se despega con facilidad de las paredes de la sartén.
Rellenamos los mejillones:
Dejamos reposar tapándolo con papel film pegado a la masa para que no críe costra. Cuando esté frío, es más fácil rellenar las conchas que habremos lavado muy bien. Dejamos reposar de un día para otro pero con un par de horas, es suficiente.
Batimos los huevos, ponemos los mejillones con la concha en el huevo. Con una cuchara, vamos impregnando los mejillones de huevo por todos lados. Sacamos con un tenedor y ponemos sobre el pan rallado en la misma postura. Con una cuchara le echamos el pan rallado por encima, los cogemos por los extremos, sacudimos el exceso y listos para freír.
Justo antes de freír, podemos ponerlos en una bandeja, los tapamos con papel film y podemos congelar. Cuando ya estén congelados, los guardamos en una bolsa y estarán listos para consumir cuando los necesitemos.