Le dieron un chaleco de cuero infantil con parches que decían “Lily ‘Pequeña Guerrera’ Patterson” y “Miembro Honorario del Club de Motociclistas Guardian MC”.
Su padre le envió una postal y veinte dólares ese año. Lily los tiró.
“No lo necesito”, dijo. “Ahora tengo padres de verdad. Cuatro”.
James comenta en cada partido de fútbol, se sienta con Frank, Mike y Robert. Son sus tíos, la familia que eligió.
El hombre más peligroso en la vida de Lily fue su propio padre. Hombres que daban miedo —motociclistas— la salvaron.
Le mostraron lo que es el verdadero amor.
James ahora luce una cicatriz de cirugía de quince centímetros. Lily la llama “cicatriz de guerrero”.
Ambos son recordatorios de lo que hacen los verdaderos padres.
