Hoy me desperté con una emoción que no cabe en un calendario. No es solo “otro cumpleaños”. Es uno de esos días que te sacude y te recuerda lo frágil y precioso que es tener a ciertas personas todavía cerca. Hoy mi papá cumple 108 años. Lo sé—si lo lees rápido, parece solo un número. Pero cuando convives con alguien así, entiendes que no se trata de la edad. Se trata de todo lo que ha visto… y de la persona que, aun así, decidió seguir siendo. Él vivió épocas en las que las cartas tardaban semanas, en las que las noticias llegaban tarde, en las que una foto era un tesoro. Vio cómo las ciudades cambiaron de rostro, cómo la tecnología se volvió rutina, cómo la gente entra y sale de la vida como estaciones. Y, aun así, guardó algo que el mundo intenta robarnos cada día: una mirada suave. Hoy quise hacer algo simple. Nada escandaloso. Nada para impresionar. Solo una forma pequeña de decir: “te celebro.” Caminamos despacio, sin prisa, como quien ya no necesita demostrar nada. Y noté lo de siempre cuando estoy con él: la gente mira. No siempre por curiosidad. Muchas veces por asombro. Como si su presencia les recordara algo esencial: la vida puede ser larga, pero sigue siendo delicada. Hice el cartel porque quería que el mundo lo supiera. No por vanidad. Por gratitud. Hay cumpleaños que no deberían pasar en silencio. Cuando lo vio, sonrió. Una sonrisa pequeña, honesta, casi tímida, como si todavía estuviera aprendiendo a recibir cariño. Y en ese instante entendí: el tiempo no endureció a mi papá—afinó lo importante. Algunas personas se acercaron solo para decir “feliz cumpleaños”. Otras se quedaron lejos, con un brillo en los ojos que dice “estoy pensando en mi papá… en mi mamá… en alguien que ya no está.” Y allí, sin hablar demasiado, todos quedamos unidos por lo mismo. Porque todos cargamos esta verdad: siempre creemos que hay tiempo… hasta que no lo hay. Lo que mi papá me enseñó en 108 años no fue una frase perfecta. Fue una manera de vivir. Me enseñó que la bondad no es debilidad. Que pedir perdón no te hace menos. Que el amor puede ser simple y aun así ser lo más fuerte del mundo. Hoy no celebro solo un número. Celebro la resistencia. Las pérdidas que atravesó. Las alegrías pequeñas que nunca despreciaba. La gente que amó incluso cuando la vida no lo puso fácil. Si estás leyendo esto y sientes un nudo en el pecho, tal vez no sea tristeza. Tal vez sea un recordatorio. Llama a alguien. Abraza a alguien. Di “gracias” mientras todavía puedes. Porque 108 no es solo edad. Es un milagro silencioso… y a veces solo reconocemos los milagros cuando por fin dejamos de correr.

 

Waooooo el esposo de una tía mía también duró 110 años mil bendiciones y felicitaciones hermosos
Feliz cumpleaños al señor que llegó a los 108 años. 

Dios le bendiga siempre por las grandes enseñanzas que le dió a su hijo.
Que sean muy felices.
Bendiciones. 

Hoy me desperté con una emoción que no cabe en un calendario. No es solo “otro cumpleaños”. Es uno de esos días que te sacude y te recuerda lo frágil y precioso que es tener a ciertas personas todavía cerca.

Hoy mi papá cumple 108 años.

Lo sé—si lo lees rápido, parece solo un número. Pero cuando convives con alguien así, entiendes que no se trata de la edad. Se trata de todo lo que ha visto… y de la persona que, aun así, decidió seguir siendo.

Él vivió épocas en las que las cartas tardaban semanas, en las que las noticias llegaban tarde, en las que una foto era un tesoro. Vio cómo las ciudades cambiaron de rostro, cómo la tecnología se volvió rutina, cómo la gente entra y sale de la vida como estaciones. Y, aun así, guardó algo que el mundo intenta robarnos cada día: una mirada suave.

Hoy quise hacer algo simple. Nada escandaloso. Nada para impresionar. Solo una forma pequeña de decir: “te celebro.” Caminamos despacio, sin prisa, como quien ya no necesita demostrar nada. Y noté lo de siempre cuando estoy con él: la gente mira.

No siempre por curiosidad. Muchas veces por asombro. Como si su presencia les recordara algo esencial: la vida puede ser larga, pero sigue siendo delicada.

Hice el cartel porque quería que el mundo lo supiera. No por vanidad. Por gratitud. Hay cumpleaños que no deberían pasar en silencio.

Cuando lo vio, sonrió. Una sonrisa pequeña, honesta, casi tímida, como si todavía estuviera aprendiendo a recibir cariño. Y en ese instante entendí: el tiempo no endureció a mi papá—afinó lo importante.

Algunas personas se acercaron solo para decir “feliz cumpleaños”. Otras se quedaron lejos, con un brillo en los ojos que dice “estoy pensando en mi papá… en mi mamá… en alguien que ya no está.” Y allí, sin hablar demasiado, todos quedamos unidos por lo mismo.

Porque todos cargamos esta verdad: siempre creemos que hay tiempo… hasta que no lo hay.

Lo que mi papá me enseñó en 108 años no fue una frase perfecta. Fue una manera de vivir. Me enseñó que la bondad no es debilidad. Que pedir perdón no te hace menos. Que el amor puede ser simple y aun así ser lo más fuerte del mundo.

Hoy no celebro solo un número. Celebro la resistencia. Las pérdidas que atravesó. Las alegrías pequeñas que nunca despreciaba. La gente que amó incluso cuando la vida no lo puso fácil.

Si estás leyendo esto y sientes un nudo en el pecho, tal vez no sea tristeza. Tal vez sea un recordatorio.

Llama a alguien. Abraza a alguien. Di “gracias” mientras todavía puedes.

Porque 108 no es solo edad. Es un milagro silencioso… y a veces solo reconocemos los milagros cuando por fin dejamos de correr.
🙏🥹❤️

vedere il seguito alla pagina successiva