Hermoso dios bendiga tus manitas bendiciones cariños ![]()
Hermoso. Eres un Campeón
Cariños de una Abuela.
Felicidades que dios te bendiga
- Esa tarde, el viento levantaba polvo como si quisiera borrar las huellas del día. El cielo estaba hermoso, pero la tierra seguía igual: seca, dura, llena de piedras, con árboles lejanos resistiendo. Y allí estaba él, un niño sosteniendo un cartel sencillo. No pedía dinero. No anunciaba nada. Parecía más bien una confesión: “Espero que a alguien le guste…”
A su lado estaba la razón de esas palabras: un coche hecho de piedras. Piedra por piedra, elegida con cuidado, como quien escoge palabras para no lastimar lo que siente. Algunas lisas, otras ásperas. Colores distintos. Marcas del tiempo. Imperfecciones que no escondían nada—solo decían: “lo intenté”.
Nadie vio el inicio. Nadie lo vio juntando piedras durante días, guardándolas en los bolsillos, cargándolas con las manos, separando las “mejores” para el final. Nadie lo vio imaginando faros, una puerta, ruedas—imaginando algo posible incluso en un lugar donde casi nada parece nacer. No tenía herramientas. No tenía pintura. No tenía taller. Tenía tiempo, curiosidad y ese valor silencioso de quien crea porque lo necesita.
Quizás pensaba que, si a alguien le gustaba el coche, también le gustaría quien lo construyó. Porque a veces eso es lo único que queremos: no aplausos, no fama—solo una señal de que no fuimos invisibles.
El mundo suele correr. Mira rápido, juzga rápido, sigue rápido. Y quien construye despacio, con cuidado, con ternura, se queda atrás… hasta que alguien se detiene. No para arreglar nada. Solo para ver. Para entender que no eran “solo piedras”. Era esfuerzo, esperanza, imaginación—y un corazón pequeño pidiendo, sin ruido, ser notado.
Y es curioso: un simple “me gusta” puede parecer poco… pero para quien espera del otro lado, puede ser lo que lo sostiene todo
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