El sobre que cambió su herencia

Iván salió al patio con la carta apretada entre los dedos. Pensó en quemarla para quedarse solo con el recuerdo de esa tarde; pensó también en plastificarla como quien protege un documento sagrado. Al final, guardó la carta dentro del cuaderno azul. Algunas herencias no caben en una caja fuerte: caben en una decisión.

Semanas después, de pie frente al terreno, comprendió lo que su padre había querido decirle: hay cosas que no se heredan “cuando alguien muere”, sino cuando alguien escucha. Y, a veces, la última línea de una carta vale más que cualquier firma notarial.

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