Cómo cultivar jengibre en casa para tener una reserva infinita y tenerlo siempre a mano ¡Produce unas flores maravillosas!

El jengibre es una planta tropical muy apreciada por sus propiedades medicinales y su sabor intenso, ideal para infusiones, comidas o remedios naturales.

Lo mejor es que podés cultivarlo fácilmente en una maceta, sin necesidad de tener jardín.

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Además de ofrecerte raíces frescas todo el año, su floración es espectacular: flores en espiga de tonos rojizos o anaranjados que transforman cualquier rincón en un espacio lleno de vida y color.

Qué necesitás

  • Rizomas frescos de jengibre con brotes o “ojos” visibles

  • Un recipiente ancho y no muy profundo (mínimo 30 cm de diámetro)

  • Tierra fértil o compost orgánico

  • Fibra de coco o turba

  • Perlita o arena gruesa

  • Agua templada

  • Fertilizante orgánico o compost líquido

Paso a paso

  1. Preparación del rizoma: elegí trozos de jengibre firmes y con yemas visibles. Colocalos en agua templada durante 24 horas para activar la germinación. Luego, cortá el rizoma en porciones de unos 3 a 5 cm, asegurando que cada trozo tenga al menos un brote.

  2. Preparación del sustrato: mezclá 50 % de tierra fértil, 30 % de fibra de coco o turba y 20 % de perlita o arena gruesa. Esta combinación retiene la humedad y evita que el rizoma se pudra.

  3. Plantación: llená la maceta con el sustrato y colocá los trozos de jengibre con los brotes hacia arriba, apenas cubiertos de tierra. No los entierres demasiado.

  4. Ubicación: ubicá la maceta en un lugar cálido y con luz indirecta, como una ventana orientada al este. El jengibre prefiere temperaturas entre 20 °C y 30 °C.

  5. Riego: mantené la tierra húmeda, pero sin exceso de agua. Durante las primeras semanas, regá con frecuencia moderada. Cuando los brotes alcancen unos 10 cm, espaciá los riegos a cada dos o tres días.

  6. Cuidados: aplicá compost líquido o fertilizante orgánico cada dos o tres semanas en la etapa de crecimiento. Si el ambiente es seco, pulverizá las hojas para conservar la humedad. Retirá las hojas amarillas o dañadas para prevenir hongos.

  7. Floración: después de unos 8 a 10 meses, el jengibre puede florecer si está en buenas condiciones. Sus flores rojas y naranjas son un espectáculo visual, además de desprender un aroma suave.

  8. Cosecha: cuando los tallos comiencen a secarse, desenterrá con cuidado parte del rizoma. Cortá solo lo necesario y cubrí el resto con tierra para que la planta siga creciendo.

  9. Reproducción: podés replantar trozos del rizoma con brotes para tener nuevas plantas. Cada una puede producir entre 500 y 800 gramos de raíz fresca al año.

Tips y consejos:

  • Evitá usar jengibre tratado con conservantes, ya que eso impide que brote.

  • Si el clima es frío, colocá la maceta dentro de casa durante el invierno.

  • Pulverizar las hojas ayuda a mantener un ambiente húmedo, similar al tropical.

  • Usá una maceta ancha, ya que el jengibre crece horizontalmente.

  • Si querés estimular la floración, asegurate de que reciba luz indirecta constante y buena ventilación.

  • Cosechá de forma parcial para mantener la planta activa todo el año.

  • Agregar una capa de mantillo orgánico ayuda a conservar la humedad del sustrato.

  • No trasplantes con frecuencia: el jengibre prefiere permanecer en el mismo lugar.

  • Evitá el exceso de fertilizante, ya que puede afectar la floración.

  • Si querés usarlo como planta ornamental, podés combinarlo con especies tropicales en la misma maceta.

Cultivar jengibre en casa es una experiencia gratificante: te brinda raíces frescas, una planta duradera y flores exóticas que llenan de color tu hogar.

Con unos pocos cuidados, tendrás una reserva constante de esta raíz tan versátil y beneficiosa.

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