El ajo (Allium sativum) ha sido apreciado durante siglos, no solo como potenciador del sabor en la cocina, sino también como remedio natural para el bienestar. Los antiguos curanderos egipcios, griegos y chinos lo usaban ampliamente, y hoy la ciencia moderna comienza a confirmar lo que la tradición ha sugerido desde hace mucho tiempo: el ajo contiene compuestos poderosos que pueden ayudar al cuerpo a defenderse de muchos tipos de microbios dañinos.
¿Por qué se le llama al ajo un “antibiótico natural”?
El secreto reside en la alicina, un compuesto que se forma al picar o triturar el ajo. La alicina, junto con otros compuestos azufrados como el ajoeno y el sulfuro de dialilo, se ha estudiado por su capacidad para:
Apoya las defensas naturales del cuerpo.
Interrumpir el crecimiento y la comunicación bacteriana
Proporciona efectos antifúngicos y antivirales.
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