Cómo hacer el mejor colágeno casero con solo 2 ingredientes
¿Sabías que el colágeno es la proteína que mantiene tu piel firme, tus articulaciones fuertes y tu cabello brillante? Con el paso del tiempo, nuestro cuerpo produce menos, pero hoy aprenderás a reponerlo naturalmente desde casa. Solo necesitas 2 ingredientes, fáciles de conseguir y 100% naturales
Ingredientes:
Ingrediente Cantidad Propiedades
Huesos de res o pollo (ricos en cartílago y médula) 1 kg aprox. Fuente natural de colágeno y minerales
Agua filtrada 2 litros Hidratación y extracción de nutrientes
Opcional: unas gotas de vinagre de manzana para ayudar a liberar el colágeno de los huesos.
Preparación paso a paso:
Limpia bien los huesos.
Enjuágalos con agua fría y, si puedes, dales un hervor corto para quitar impurezas.
Hierve lentamente.
Coloca los huesos en una olla grande, cúbrelos con los 2 litros de agua y añade una cucharada de vinagre de manzana.
Cuece a fuego bajo y con paciencia.
Deja que hierva suavemente por al menos 8 a 12 horas (idealmente 24 h si puedes). Cuanto más tiempo, más colágeno extraerás.
Cuela y conserva.
Una vez listo, filtra el líquido y deja enfriar. Al refrigerarlo, notarás que se vuelve gelatinoso —esa es la señal de que contiene colágeno puro
Guarda el colágeno casero.
Manténlo en frascos de vidrio en la nevera (hasta 5 días) o congélalo en cubitos para usarlo cuando quieras.
Cómo tomarlo:
Una taza tibia por la mañana en ayunas
O agrégalo a sopas, caldos o incluso batidos (¡no altera el sabor!).
Beneficios que notarás:
Piel más firme, luminosa y sin tanta flacidez
Fortalecimiento de uñas, huesos y cabello
Menos dolor en articulaciones o rodillas
Mejora en la digestión y el sistema inmunológico
Tip extra:
Si prefieres una versión rápida, puedes hervir 2 patas de pollo (las de verdad, no deshuesadas) con un poco de agua, ajo y vinagre. Obtendrás un colágeno natural y delicioso en menos tiempo
Historia curiosa:
Desde la antigüedad, las abuelas ya sabían el secreto: los caldos de hueso eran la medicina casera más poderosa para la piel y las articulaciones. ¡Y hoy la ciencia confirma lo que ellas ya intuían!
