Acabo de salir del quirófano y por un momento me quedé quieto en el pasillo, como si tuviera que recordar cómo respirar otra vez. Pasaron horas bajo luces intensas, concentrado en cada detalle, en cada latido, en cada decisión que no se puede deshacer. Mucha gente ve la bata y piensa que somos de acero. Pero la verdad es que, cuando la puerta se cierra, cargamos un peso que no aparece en las fotos: el miedo a no ser suficiente, la responsabilidad por una vida y las oraciones silenciosas que hacemos mientras las manos siguen trabajando. Hoy hice lo mejor que pude. Di todo lo que tenía. Y ahora que la adrenalina se va, llega el cansancio… y también la emoción. Si estás leyendo esto, deja unas palabras para alguien que intenta ser fuerte por los demás. A veces un mensaje sencillo se convierte en el apoyo que más necesitamos.

Acabo de salir del quirófano y por un momento me quedé quieto en el pasillo, como si tuviera que recordar cómo respirar otra vez.
Pasaron horas bajo luces intensas, concentrado en cada detalle, en cada latido, en cada decisión que no se puede deshacer.

Mucha gente ve la bata y piensa que somos de acero. Pero la verdad es que, cuando la puerta se cierra, cargamos un peso que no aparece en las fotos: el miedo a no ser suficiente, la responsabilidad por una vida y las oraciones silenciosas que hacemos mientras las manos siguen trabajando.

Hoy hice lo mejor que pude. Di todo lo que tenía. Y ahora que la adrenalina se va, llega el cansancio… y también la emoción.

Si estás leyendo esto, deja unas palabras para alguien que intenta ser fuerte por los demás. A veces un mensaje sencillo se convierte en el apoyo que más necesitamos.

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