Hoy quería publicar una foto sencilla… pero para mí, esta foto trae un mundo entero detrás.
Ese hombre a mi lado es mi papá.
Se levanta temprano cuando la mayoría todavía duerme. Sale de casa en silencio, porque siempre tuvo vergüenza de “molestar”. Vuelve cansado, con las manos marcadas, la cara marcada por el sol y la lluvia… y aun así, cuando llega, sonríe.
Mi padre trabaja en limpieza.
Y yo crecí viéndolo hacer algo que mucha gente no valora: hacer que el camino de los demás sea más digno.
Pero hay algo que duele…
Hay días en los que pasa junto a personas que fingen que él no existe.
Algunos miran el uniforme, el chaleco reflectante, la escoba… y lo miran como si valiera menos.
Como si la honestidad tuviera “clase”.
Como si el trabajo tuviera “nivel”.
Como si la dignidad dependiera del cargo.
Pero yo conozco la verdad.
Yo sé que detrás de ese uniforme hay un hombre que muchas veces dejó de comprarse cosas para que en casa no faltara nada.
Un padre que llegaba agotado, pero igual preguntaba: “¿Estás bien?”
Un hombre que nunca se quejó de la vida… solo le pidió fuerzas a Dios para seguir.
Y hoy es su cumpleaños.
Por eso hoy vengo a pedir algo simple, desde el corazón:
Si eres de las personas que respetan a quienes trabajan…
si entiendes que limpiar no es humillación — es servicio, es cuidado, es dignidad…
déjale un mensaje.
No tiene que ser largo.
Puede ser solo:
“Feliz cumpleaños.”
“Dios te bendiga.”
“Gracias por lo que haces.”
Porque a veces una frase pequeña se convierte en la fuerza que alguien necesita para aguantar un día más.
Y si alguna vez le diste “gracias” a alguien de limpieza, a un barrendero, a un conserje…
gracias. De verdad.
No tienes idea de cuánto eso puede cambiarle el mundo a una persona.

Hoy quería publicar una foto sencilla… pero para mí, esta foto trae un mundo entero detrás. Ese hombre a mi lado es mi papá. Se levanta temprano cuando la mayoría todavía duerme. Sale de casa en silencio, porque siempre tuvo vergüenza de “molestar”. Vuelve cansado, con las manos marcadas, la cara marcada por el sol y la lluvia… y aun así, cuando llega, sonríe. Mi padre trabaja en limpieza. Y yo crecí viéndolo hacer algo que mucha gente no valora: hacer que el camino de los demás sea más digno. Pero hay algo que duele… Hay días en los que pasa junto a personas que fingen que él no existe. Algunos miran el uniforme, el chaleco reflectante, la escoba… y lo miran como si valiera menos. Como si la honestidad tuviera “clase”. Como si el trabajo tuviera “nivel”. Como si la dignidad dependiera del cargo. Pero yo conozco la verdad. Yo sé que detrás de ese uniforme hay un hombre que muchas veces dejó de comprarse cosas para que en casa no faltara nada. Un padre que llegaba agotado, pero igual preguntaba: “¿Estás bien?” Un hombre que nunca se quejó de la vida… solo le pidió fuerzas a Dios para seguir. Y hoy es su cumpleaños. Por eso hoy vengo a pedir algo simple, desde el corazón: Si eres de las personas que respetan a quienes trabajan… si entiendes que limpiar no es humillación — es servicio, es cuidado, es dignidad… déjale un mensaje. No tiene que ser largo. Puede ser solo: “Feliz cumpleaños.” “Dios te bendiga.” “Gracias por lo que haces.” Porque a veces una frase pequeña se convierte en la fuerza que alguien necesita para aguantar un día más. Y si alguna vez le diste “gracias” a alguien de limpieza, a un barrendero, a un conserje… gracias. De verdad. No tienes idea de cuánto eso puede cambiarle el mundo a una persona.
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