Hoy tomamos fotos de todo — del cafecito de la mañana, de la comida, de los momentos con la familia. Pero pocas veces pensamos en cómo empezó todo esto. ¿Quién fue la primera persona que logró atrapar la luz y convertirla en un recuerdo?
Cuando la luz se volvió memoria
En el siglo XVIII, un científico alemán llamado Johann Heinrich Schulze descubrió que una mezcla de tiza y nitrato de plata se oscurecía con la luz del sol. Sin saberlo, había dado el primer paso hacia la fotografía. Pero las imágenes desaparecían; aún no existía la forma de guardarlas.
Años después, en los primeros años del 1800, inventores como Thomas Wedgwood y Humphry Davy siguieron intentándolo… hasta que, en 1826, el francés Joseph Nicéphore Niépce logró lo imposible: capturar la primera fotografía permanente de la historia. Era una vista desde la ventana de su casa, y necesitó ocho horas de exposición al sol. La llamó heliografía, que significa “escritura con el sol”.
El hombre que compartió la luz con el mundo
Después de la muerte de Niépce, otro inventor francés, Louis Daguerre, perfeccionó su trabajo. En 1839, presentó el daguerrotipo ante la Academia Francesa de Ciencias y Bellas Artes, marcando oficialmente el nacimiento de la fotografía.
Pocos años después, esta maravilla llegó a América Latina. En México, la cámara se convirtió en una ventana a nuestra historia: retratos familiares, paisajes, revoluciones, y fiestas que hoy son tesoros nacionales. Cada clic que hacemos viene de aquel primer rayo de luz capturado hace casi dos siglos.
